Este libro contiene las primeras discusiones realizadas en los Estados Unidos acerca de los nuevos liderazgos y las expectativas surgidas en los últimos años en América Latina, protagonizadas por calificados representantes de cinco de los gobiernos progresistas de América Latina. La iniciativa de realizar una discusión de este tipo en Nueva York, se debe a la ausencia casi total, en los medios y en la opinión pública norteamericana, de las voces propias de los pueblos y gobiernos latinoamericanos. La vida, los logros y fracasos, los desafíos y las esperanzas de millones de personas y numerosos gobiernos de América Latina, son interpretados para la sociedad norteamericana por sólo un puñado de reporteros y especialistas pertenecientes a algunos de los grandes medios de difusión.

La senadora Cristina Fernández de Kirchner, presidenta del Observatorio Argentina de la New School University de Nueva York, tuvo la idea y la iniciativa de invitar a un grupo de distinguidos y autorizados representantes de otros cuatro países de la región, para discutir sobre las experiencias locales y las expectativas sobre el futuro que actualmente se despliegan en América Latina. Si bien antes de esta Conferencia se habían realizado en Nueva York algunos eventos sobre la región latinoamericana, no tuvieron el nivel de este panel ni fueron expuestos ante una audiencia diversa y numerosa. El panel estuvo compuesto por personalidades de reconocida representatividad política y gubernamental, y la audiencia estuvo integrada por miembros del campo académico, los negocios y las organizaciones no gubernamentales, incluyendo representantes de organizaciones de derechos humanos, del medio ambiente, culturales, así como numerosos miembros del ámbito financiero de Wall Street y compañías interesadas en América Latina.

Este libro demuestra la convergencia de muchas de las ideas de estos gobiernos acerca de la necesidad de formular e implementar cambios institucionales y políticas públicas, para generar un crecimiento económico sostenido y extender la justicia social en sus países. Cada uno de los cinco representantes tiene un enfoque diferente basado en las experiencias particulares de sus respectivos países. Por lo tanto, la conversación ofrece una rica textura manifestada en la similitud o convergencia de los problemas y desafíos, y la diversidad de enfoques para enfrentarlos. Los representantes son personas con experiencias y roles diferentes: una senadora nacional (Argentina), un asesor presidencial (Brasil), un embajador ante los Estados Unidos (Venezuela), un ministro de relaciones exteriores (Bolivia), y un embajador ante la Organización de las Naciones Unidas (Chile). Cada uno expresa las diferentes maneras o enfoques con que sus naciones enfrentan los problemas actuales y se preparan para el futuro en el ámbito regional.

Los textos/presentaciones que conforman este libro, unitarios en sí mismos pero en intenso diálogo mutuo, muestran las diferentes combinaciones de circunstancias, experiencias nacionales y orientaciones ideológicas. Sin embargo, están totalmente enraizados en las condiciones nacionales y los enfoques pragmáticos en la búsqueda de soluciones.

El realismo de estas conversaciones es más informativo y sustantivo que las extensas y acaloradas discusiones ideológicas, tantas veces trajinadas en los medios, sobre el populismo o los antagonismos entre izquierdas y derechas, enfoques que no alcanzan a dar cuenta de la complejidad actual.

Las conversaciones, en esta ocasión, no tratan sobre las relaciones de los Estados Unidos con América Latina. Es una discusión entre latinoamericanos sobre Latinoamérica, que cobra una nueva e importante dimensión, al exponerse tanto ante el público norteamericano como regional.

Notas sobre el contexto latinoamericano

América Latina es actualmente objeto de una renovada atención internacional. El nuevo liderazgo en nueve países refleja la creciente desilusión con el desempeño político y económico de la década pasada signada por las políticas neoliberales. La elección de nuevos líderes: Luis Ignacio Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela, Michelle Bachelet en Chile, Evo Morales en Bolivia, Tabaré Vázquez en Uruguay, y más recientemente, Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador, subraya la presión y la actividad en pos de un cambio. La elección de la primera mujer y el primer líder indígena como presidentes de sus países simboliza los reclamos de la representación democrática. El evidente fracaso de las políticas económicas neoliberales en generar un crecimiento económico sostenido y desarrollo social ha conducido a extensos debates políticos y a una intensa búsqueda de opciones alternativas para mejorar la vida de los latinoamericanos. Estos debates están estrechamente relacionados con la noción de “desarrollo” como un proceso de transformación estructural de las sociedades, articulado por José Antonio Ocampo, ex Subsecretario para Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

Es posible esbozar, al menos, siete características clave de estos cambios que definen el nuevo contexto para entender a América Latina.

1. El marco de los anteriores debates políticos y de las relaciones bilaterales está cambiando.
Los modelos anteriores se han debilitado y hay una búsqueda activa de nuevas formas para organizar la política y la economía. En otras palabras, los nuevos líderes de América Latina están explorando los modos a través de los cuales las democracias sociales pueden sobrevivir y prosperar en un mundo globalizado dominado por los paradigmas neoliberales. ¿Cómo pueden desarrollar nuevos métodos efectivos para llevarle a su gente crecimiento y desarrollo con justicia social en un período de globalización? Estas preguntas tienen importantes implicaciones para los países de la región, incluyendo a Cuba y los otros países del Caribe. Al mismo tiempo, tienen implicaciones más amplias para países en otras regiones como Europa y Asia donde, desde hace ya un tiempo, se están desarrollando discusiones similares.

2. En el centro de estos debates se encuentra la pregunta acerca del significado de la democracia.
Muchos líderes políticos de América Latina están discutiendo la diferencia entre democracia y buen gobierno. Esta situación refleja la observación hecha en algunos países de que las crisis económicas, por ejemplo en Argentina en 2001 y Bolivia en diferentes ocasiones, han sido tanto crisis políticas como eventos económicos, y que el mal manejo económico no puede ser separado del mal desempeño del gobierno. Mientras que el valor de elecciones libres, los derechos humanos y otras normas democráticas han sido difundidas a través de la región, hay un creciente reconocimiento de que democracia, si bien apreciada y estimada, no es lo mismo que buen gobierno. En una era donde los resultados de la privatización han sido en general decepcionantes, existe un acuerdo amplio de que el gobierno y el sector público son necesarios para jugar un papel efectivo en liderar y apoyar el progreso económico y social.

Uno de estos desafíos de mediano plazo es el fortalecimiento de la gobernabilidad. Este desafío ha sido reconocido como de alta prioridad en muchos países y también en el ámbito regional –por ejemplo, en organizaciones regionales tales como la Organización de Estados Americanos, la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas y el Banco Interamericano de Desarrollo. Este tema ha recibido creciente atención en parte por la falta de experiencia relativa de los nuevos grupos gobernantes.

3. El futuro económico y político de las países latinoamericanos está en gran medida, aun cuando no exclusivamente, relacionado a la productividad y la justicia social en sus ciudades.
Es de destacar que el debate de estos temas se produce en un contexto de continua urbanización en América Latina, actualmente la región más urbanizada del mundo en desarrollo. Estos países tienen más del 70% de su pbi generado por actividades económicas urbanas. Al mismo tiempo, se produce un claro proceso de urbanización con incremento de la pobreza y un continuo crecimiento de villas miseria carentes de infraestructura y servicios sociales, sitios de desempleo, creciente crimen y violencia relacionada con la droga. El éxito de los líderes políticos progresistas dependerá en buena parte en cómo responden a estos problemas urbanos.

4. Las visiones sobre la gobernabilidad también tienen una dimensión regional.
Las experiencias políticas de las últimas dos décadas en la región han generado resultados decepcionantes. Esta dimensión regional ha sido subanalizada. Algunos observadores han destacado la amplitud del debate, pero sin entender ni enfocarse en la forma y en la razón por las que estas reflexiones e ideas han sido comunicadas a través de los países de la región. Esta conciencia regional tiene, por supuesto, una dimensión histórica. Muchos de estos países comparten orígenes históricos comunes y lentamente están tomando conciencia, por ejemplo, acerca de la inminencia de las conmemoraciones del bicentenario, como Argentina, Chile y México en 2010, con Bolivia y Ecuador en 2009, Paraguay en 2011, y otros más adelante. La búsqueda común por el cambio, por lo tanto, cabe dentro de una perspectiva histórica compartida.

5. Los retos nacionales y regionales se complican por la difícil relación con los Estados Unidos.
Al enfrentar problemas de política exterior, terrorismo y la guerra en Irak, los Estados Unidos han ignorado a América Latina durante los últimos tres años, a pesar de que cinco temas importantes han recibido la atención pública y del gobierno de Estados Unidos: migración, libre comercio, narcotráfico desde Colombia, Hugo Chávez en Venezuela, y Cuba. Estos son los “temas candentes” generando más candela que luz, y son usualmente considerados dentro de un marco de política exterior estadounidense de corto plazo. En vez de enfrentar dichos temas a través de la diplomacia multilateral, parece que los Estados Unidos buscan un acercamiento bilateral más estrecho. Como resultado, no es sorprendente que estos temas sigan siendo problemáticos y que las “soluciones”, por ejemplo, acercamientos constructivos de mediano plazo a estos asuntos, no hayan sido identificados y mucho menos adoptados. La tragedia es que estos temas parecen recibir la mayor parte de la atención de la administración estadounidense, en lugar de colaborar para acelerar y sostener el desarrollo económico y social en la región, tal como se ha evidenciado con la visita de Bush a América Latina en 2007. Hay evidencia importante de que el progreso económico y social interno podría aliviar las presiones externas generadas por estos cinco temas.

6. Una dimensión importante de esta situación es la falta de una pluralidad de narrativas informadas disponibles para los medios estadounidenses sobre el cambio en América Latina.
En los medios de comunicación más populares, América Latina sigue capturada por un reducido grupo de periodistas: Larry Rohter y Simón Romero del New York Times, Andrés Oppenheimer del Miami Herald, y Lucía Newman de CNN en La Habana, quienes frecuentemente parecen tener una perspectiva política o periodística que limita su análisis. Más aún, hay demasiada atención prestada a la retórica y no suficiente a la práctica real. Por ejemplo, es necesario que se le preste mayor atención al contenido de las políticas fiscales y sociales de Lula y Chávez, más que a sus respectivas retóricas.

Durante el 2006 las principales revistas y diarios se empezaron a enfocar en lo que se ha llamado el “Movimiento hacia la izquierda en América Latina”. Han aparecido varios artículos, pero la profundidad y la calidad del análisis varían considerablemente. The Economist opinó sobre “El retorno al populismo”, agrupando a seis líderes y países dentro de una sola categoría, sin reconocer las diferencias entre éstos, desde Chile, aclamado como el país modelo del Consenso de Washington, hasta la empobrecida Bolivia con un PBI mucho más reducido que el de sus vecinos. Aplicar el término “populista” no reconoce la diversidad de orígenes y agendas políticas que están desarrollando estos nuevos gobiernos.Una perspectiva más elaborada, pero aún simplista, es desarrollada por Jorge Castañeda, politólogo y ex Ministro de Relaciones Exteriores de México, en Foreign Affairs, quien argumenta que hay “dos izquierdas”, dividiendo a los nuevos líderes en dos categorías. Castañeda, sin embargo, se apoya en su análisis histórico de hace 15 años e ignora las diferencias importantes en áreas tales como las políticas fiscales o el manejo de la deuda entre Bachelet, Kirchner, Lula y Morales. Tampoco parece apreciar los cambios en el nivel de sofisticación ni la profundidad del descontento en los países de América Latina, como resultado de varias décadas de expectativas no satisfechas. La debilidad de estos artículos recientes destaca la importancia de emprender análisis comparativos serios.

Hugo Chávez ha recibido la mayor atención periodística, reflejando sus provocativos ataques a los Estados Unidos, su relación con Cuba y su activo papel en América Latina. La cobertura de Chávez varía considerablemente en calidad, pero dos retratos serios han aparecido recientemente, agregando profundidad a la imagen generalizada de Chávez como alguien fuera de control. Mientras que Chávez recibe una desproporcionada parte de la atención de los medios norteamericanos –particularmente después de su discurso en las Naciones Unidas en 2006– entendemos que es menos importante para el futuro del desarrollo de América Latina que los debates sustantivos internos en Argentina, Bolivia, Brasil, y Chile donde significativos temas políticos e institucionales están en debate y en vías de resolverse.

7. Mientras estos y muchos más artículos aparecen en los medios de los Estados Unidos, es importante señalar que hay pocas oportunidades, si es que las hay, para que el nuevo liderazgo de América Latina se comunique directamente con las audiencias de los Estados Unidos.
Las excepciones más importantes son las instituciones que están localizadas en Washington pero, alguna manera, están rodeadas por el ambiente político, por lo que no tienen la independencia de análisis que sí es posible en un ambiente universitario. El Observatorio Latinoamericano OLA, cuya creación en la New School University de Nueva York esta conferencia inaugura, ofrece una plataforma de interacción más amplia con líderes, instituciones y universidades latinoamericanas a todo nivel.

La falta de una pluralidad de narrativas bien cimentadas deja a los tomadores de decisiones en los Estados Unidos y al público, sin la información y el conocimiento sobre las intenciones y métodos de los gobiernos individuales para tratar los problemas que enfrentan sus países, o sus perspectivas sobre su posición en la región. Hay una necesidad urgente que nuevas voces en los medios comuniquen las historias de la región, y las específicas de los países que la integran, a una audiencia global.

Mientras que algunos líderes, como Chávez, frecuentemente hacen comentarios sobre América Latina como un todo, otros como Lula y Kirchner están más preocupados por los retos políticos domésticos para avanzar en sus políticas nacionales de reforma social e institucional, o por desarrollar los temas de comercio, sea dentro de la región o a nivel subregional como el Mercosur. Esto ha abierto espacios para un debate captado por Javier Santiso en 2006. Hay historias importantes esperando a ser contadas.

Lo que tienen en común estos líderes electos es una profunda preocupación por lograr que las economías domésticas sean menos vulnerables a la volatilidad de la economía global. Muchos países han aprovechado los altos precios mundiales de bienes, reducido el desempleo y la deuda externa, y han logrado registrar tasas de crecimiento económico sobresalientes en 2005-2006: desde 9% en Argentina y Venezuela, 7% en Uruguay, 6% en Perú, hasta el 2% o 3% en Brasil.Otros, incluyendo los países de Centroamérica, parecen atrapados en un complejo grupo de políticas ineficaces, sumado a limitaciones en escala y geografía, incluyendo frecuentes impactos de desastres naturales. Apreciar estas diferencias en el desempeño y el “espacio político” que esto les permite, es esencial para que los tomadores de decisiones en los Estados Unidos y el público puedan hacer juicios informados sobre la región. Aplicar categorías toscas como “la izquierda” o “populismo” a estas diferencias significativas, es análogo a la frustrada y poco constructiva búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak.

Michael Cohen – Margarita Gutman
Buenos Aires-Nueva York, octubre de 2005

The Economist, “El retorno del populismo”, 15 de abril de 2006, pp. 39-40.
Jorge Castañeda, “Latin America’s left turn”, Foreign Affairs, mayo-junio 2006, pp. 28-43.
Jorge Castañeda, Utopia Unarmed: The Latin American Left After the Cold War, Nueva York: Alfred Knopf, 1993
Véase Franklin Foer, “The Talented Mr. Chavez”, The Atlantic, mayo 2006, pp. 94-105, y Michael Shifter, “In search of Hugo Chavez”, Foreign Affairs, mayo-junio 2006, pp. 45-59.
Javier Santiso, Latin America’s Political Economy of the Possible: Beyond Good Revolutionaries and Free Marketeers, Cambridge: MIT University Press, 2006.
Bear Stearns, “Emergent Markets”, Sovereign Quarterly, 18 de abril, 2006.

 

 

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